Sí merece la pena

OPINIÓN

Pedro Sánchez y Begoña Gómez en el Vaticano en octubre del 2020
Pedro Sánchez y Begoña Gómez en el Vaticano en octubre del 2020 Remo Casilli | REUTERS

26 abr 2024 . Actualizado a las 05:00 h.

Parecía imposible que Pedro Sánchez tuviera alguna posibilidad más de sorprender a propios y extraños, pero lo ha vuelto a hacer. Se nos va a hacer un poco largo este fin de semana si, como ha anunciado, hasta el lunes no dará a conocer su futuro inmediato, que por ahora es una gran incógnita (el que se ha aclarado ya es el de Xavi Hernández, que ha terminado por cambiar de opinión y seguirá entrenando al FC Barcelona). En el momento en que difundió en sus redes sociales la carta que ha dirigido a la ciudadanía española yo me encontraba en la asamblea que cada último miércoles de mes celebramos las y los adscritos de Izquierda Socialista en la Casa del Pueblo de Oviedo/Uviéu. En esta ocasión estábamos analizando con compañeras y con compañeros de Juventudes Socialistas cuestiones tan variopintas como son los resultados del PSOE en los comicios de Galicia y Euskadi, las expectativas con las catalanas y las europeas, la situación interna de nuestro partido, la actualidad política protagonizada por las comisiones de investigación del Congreso y del Senado en las contrataciones durante la pandemia y las sensaciones de si nuestro trabajo, esfuerzo e ideas sirven para algo o si con el paso de los tiempos la militancia, sea de base o con alguna responsabilidad, tiene un papel muy reducido o testimonial frente a la política marcada desde Ferraz (o como comúnmente se le llama, desde el «aparato»). En plena reunión nos hicimos eco del escrito, que según ha trascendido lo escribió él personalmente con el conocimiento de su mujer (Begoña Gómez). Inevitablemente ha sacudido la política nacional (no se habla de otra cosa) y las interpretaciones de este parón son múltiples: para unas personas forma parte de una estrategia personal, aunque hay diferentes posiciones entre si se está haciendo la víctima o si se está dejando querer, incluyendo a federaciones socialistas que se estaban mostrando críticas con su gestión, sobre todo en lo referente a la Ley de Amnistía; para otras, ante el reiterado acoso de la derechona contra su esposa, está más que justificado el parón para reflexionar cinco o los días que hagan falta aunque tuviera compromisos irremplazables, como fue ayer el inicio de los mítines por las elecciones en Catalunya o la aprobación, mañana sábado en el Comité Federal, de la elección de Teresa Ribera como cabeza de lista a las europeas

Hay una pregunta clave en el texto. ¿Merece la pena? Entiendo que llegar a ser el Presidente del Gobierno de tu país y el Secretario General de tu partido es un honor y un orgullo incalculable, pero como todo lo que rodea a la política, es muy difícil resistir. Una cuestión es tener que hacer frente a ataques personales (a veces muy duros e inaceptables) y a una sobreexposición pública agotadora porque va dentro del cargo, pero aquí hablamos de una línea roja que, desde el punto de vista humano, empatizo completamente con Pedro Sánchez. Los entornos familiares no deben ni pueden disponer de ningún beneficio ni privilegio pero tampoco se merecen estar sometidos al juicio público, y más si no hay causa ni razón jurídica alguna (y en este punto es capital señalar que no se puede equiparar con el caso de Isabel Díaz Ayuso y su actual pareja), tal y como se ha explicado ya en la mayoría de medios de comunicación sobre la denuncia de Manos Limpias. Tendremos que esperar hasta el lunes para conocer el desenlace final de si dimitirá o si continuará en el cargo sometiéndose a una cuestión de confianza (en la mayoría de las porras que conozco son muy pocas las personas que apuestan por su renuncia), pero por lo pronto ni el PP (es inaceptable la rueda de prensa que dio Ester Muñoz) ni Vox han suspendido sus ataques, lo que parece evidenciar que si Pedro Sánchez decide seguir no van a cesar en hacerle daño donde más le duele. 

Cada uno se sitúa en su experiencia personal, en lo que ha vivido y sufrido, y desde esa perspectiva puede tener su opinión, tan válida como otra cualquiera. Pedro Sánchez es tan humano como los demás, con sus sentimientos, sus buenos y malos días, y es lícito que necesite valorar si le merece la pena aguantar en La Moncloa en función de sus emociones. Hay quien ha visto cursi y fuera de lugar que diga que está enamorado de su mujer, pero quizás eso aporte cercanía y simpatía (y bonitas canciones hechas con su voz a través de la inteligencia artificial) ante el desprestigio al que se enfrenta, desgraciadamente, la clase política. En mi etapa como concejal del Ayuntamiento de Oviedo/Uviéu, sobre todo en la etapa del compañero Wenceslao López como Alcalde, recibía constantes mensajes por redes sociales sobre la acción del gobierno municipal de izquierdas. En muchos casos, los comentarios hacia mi persona eran ofensivos (sobre todo por mi físico si reflejaba en una fotografía una comida), pero sin querer normalizar los insultos, entendía que en mi sueldo iban tanto los halagos como las críticas (por muy peloteras y/o ofensivas que me pudieran resultar). En lo que nunca me tuve que ver afectado fue por denuncias (no tuvieron la misma suerte las compañeras y los compañeros que formaban entre 2015 y 2019 de la Junta de Gobierno. Aunque salieron sin condena penal, injustamente se sentaron en un banquillo por una presunta prevaricación al autorizar un mercado de productos asturianos que se venía haciendo habitualmente en la calle Gascona) y en que nadie extendió su punto de mira a mi núcleo familiar, que creo que sí que me hubiera molestado mucho. El dedicarte a la política me parece apasionante pero a la vez muy arriesgado, sobre todo para la gente que te rodea. Uno debe valorar las ventajas y los inconvenientes personales y profesionales que le acarrea asumir tal responsabilidad orgánica y/o institucional, pero yo no estoy de acuerdo con que tu actividad política le pueda afectar a tu padre, a tu madre, a tus hermanos, hermanas y, en algunos casos, a tus amistades. 

Se habla mucho de las tensiones que hay en cada proceso electoral por formar parte de las listas electorales. Yo no voy a negar lo evidente, pero también creo que es necesario decir que no son pocas las personas que renuncian a dar el salto a la política. Suelen estar motivadas por una cuestión económica (ganan más dinero en sus profesiones) y por evitar esa exposición pública. Antes incluso de empezar Periodismo en la Universidad Complutense mucha gente, con el objetivo de darme el mejor consejo posible, me decía que no me significara tanto con el PSOE porque me perjudicaría profesionalmente. Un consejo parecido me lo dieron compañeras y compañeros dentro del partido para que no fuera defenestrado por estar adscrito a la única corriente de opinión existente (Izquierda Socialista). Hasta la fecha no he renunciado a ninguna de las dos cosas y, por ahora, considero que hice lo correcto (y no me considero ni mucho menos un mesías, ni un estratega ni alguien imprescindible en ningún sitio. Seguramente tenga muchos más defectos que virtudes, pero lo que he intentado siempre es no teatralizar, actuando tal y como soy de manera coherente y honesta). Así que, haciendo un balance general personal de si merece o no la pena dedicar un tiempo de tu vida a la política, yo creo que la respuesta es sí

Ni mucho menos sé qué va a hacer Pedro Sánchez el lunes. Por muchas críticas que reciba a su parón, hay que recordar que las instituciones siguen a pleno funcionamiento. Recordemos que estamos en prórroga presupuestaria este año en España y que ello no ha supuesto ninguna parálisis (de hecho, en el campo económico está siendo imposible para la derecha cualquier comentario por los buenos datos cosechados) o que cuando se aplicó el 155 de la Constitución en Catalunya, la autonomía no tuvo ningún problema para seguir su actividad. Quien ha parado es un hombre, que ni más ni menos es el Presidente del Gobierno y el Secretario General del PSOE, que en mi opinión tiene derecho a reflexionar sobre su futuro. A mí me gustaría que siguiera porque egoístamente creo que merece la pena que no abandone el barco ahora, pero haga lo que haga, contará tanto con mi máximo respeto como con todo mi apoyo.